Cuando estamos a pocos meses de las elecciones presidenciales y parlamentarias y las posiciones políticas se acentúan y hacen más apasionadas, surgen comentarios de la ciudadanía que están muy arraigados en la conciencia colectiva, casi como una verdad irrefutable y que se convierte casi en una cruz para los hemos dedicado nuestra vida al servicio público: el pensar que quienes ostentamos algún cargo sólo pensamos en el beneficio personal y estamos por sobre el bien y el mal.
Claro está que muchas veces el comportamiento de algunos contribuye a esa impresión (baste apreciar el lamentable espectáculo en el Congreso durante la interpelación que hizo la oposición al Ministro del Interior, Edmundo Pérez Yoma).Es que nadie recuerda acaso que estamos en el Mes de la Solidaridad. Lamento que ni siquiera podamos aspirar a que en estos días prime un ambiente de colaboración, de servicio, de ayuda y no de destruir o criticar sin ánimo constructivo.
¿Por qué siempre deben ser los puntos negativos los que deban resaltarse en los medios y no los logros que muchos más Servidores Públicos hacen?
Es quizás el precio que deben pagar quienes intentamos trabajar por los demás.
Quizás es como decía el Padre Hurtado: "Dar hasta que duela".
Pero trabajar para los demás cuando se hace de vocación siempre será reconfortante. Y lo sería más aún si la impronta o el sello que uno trata de dar a su gestión se multiplica en la comunidad. Porque al final lo que uno intenta es tener un mejor barrio; un mejor vecino; un niño más feliz, un joven con todas las posibilidades de estudiar y surgir.En esta tarea no sobra nadie. El líder no es nadie si no hay quien le siga y a ese otro y otro y así, en unidad, se pueden lograr grandes cosas.
En la medida de mis posibilidades es lo que he intentado hacer como Alcalde y en otras funciones que he asumido más a nivel nacional, como mi participación en lograr la solución al conflicto de los profesores.
Mi llamado es a todos los Servidores Públicos a no cejar en su labor y contribuir cada día a hacer un mundo mejor.
Claro está que muchas veces el comportamiento de algunos contribuye a esa impresión (baste apreciar el lamentable espectáculo en el Congreso durante la interpelación que hizo la oposición al Ministro del Interior, Edmundo Pérez Yoma).Es que nadie recuerda acaso que estamos en el Mes de la Solidaridad. Lamento que ni siquiera podamos aspirar a que en estos días prime un ambiente de colaboración, de servicio, de ayuda y no de destruir o criticar sin ánimo constructivo.
¿Por qué siempre deben ser los puntos negativos los que deban resaltarse en los medios y no los logros que muchos más Servidores Públicos hacen?
Es quizás el precio que deben pagar quienes intentamos trabajar por los demás.
Quizás es como decía el Padre Hurtado: "Dar hasta que duela".
Pero trabajar para los demás cuando se hace de vocación siempre será reconfortante. Y lo sería más aún si la impronta o el sello que uno trata de dar a su gestión se multiplica en la comunidad. Porque al final lo que uno intenta es tener un mejor barrio; un mejor vecino; un niño más feliz, un joven con todas las posibilidades de estudiar y surgir.En esta tarea no sobra nadie. El líder no es nadie si no hay quien le siga y a ese otro y otro y así, en unidad, se pueden lograr grandes cosas.
En la medida de mis posibilidades es lo que he intentado hacer como Alcalde y en otras funciones que he asumido más a nivel nacional, como mi participación en lograr la solución al conflicto de los profesores.
Mi llamado es a todos los Servidores Públicos a no cejar en su labor y contribuir cada día a hacer un mundo mejor.



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